Los riesgos climáticos por fin entran en las decisiones de inversión


Desde hace más de cincuenta años —desde 1972, para ser precisos— se viene advirtiendo sobre los límites planetarios y sus implicancias para el desarrollo económico. Aquellas primeras modelaciones sentaron las bases de lo que hoy entendemos como riesgos sistémicos no financieros, que, aun sin considerar la pérdida de vidas humanas, se traducen en impactos económicos anuales que se cuentan en billones —con B— a nivel global.

Han pasado cinco décadas y, sin embargo, todavía se insiste en tratar estos riesgos como si fueran una novedad. Peor aún, persiste la idea de que no guardan relación directa con las finanzas o las decisiones de inversión, como si los modelos financieros pudieran abstraerse de la realidad física en la que operan los activos y los negocios.

Basta hacerse algunas preguntas simples, pero incómodas:
  • ¿Debiera considerarse el estrés hídrico o la exposición a eventos climáticos extremos al evaluar el deterioro de activos?
  • ¿Cuáles son las proyecciones de pérdidas por siniestros?
  • ¿Afectarán las temperaturas extremas la vida útil de equipos e infraestructura?
  • ¿Será necesario invertir en adaptación para asegurar la continuidad operacional?
  • ¿Se verá afectada la capacidad productiva o la demanda?

La incertidumbre asociada a estas variables no es neutra desde el punto de vista financiero. Cuando los riesgos no se identifican, no se miden o no se gestionan, pueden aumentar la volatilidad de los flujos futuros y debilitar los supuestos que sostienen la valuación de los activos. Esto se traduce en una pérdida de valor que puede manifestarse en mayores tasas de descuento, ajustes en el valor terminal, incrementos en primas de riesgo, restricciones de asegurabilidad o un mayor costo —o menor acceso— al financiamiento.

Tal vez el desafío ha sido, hasta ahora, traducir estas preguntas a un lenguaje que el mercado financiero reconozca como propio: impacto en el valor terminal, aumento del WACC, alzas en primas de seguros, problemas de asegurabilidad, supuestos de inversión futura bajo distintos escenarios climáticos, incrementos estructurales en costos operativos o variaciones —medidas en puntos base— en el costo de la deuda.

La entrada en vigencia de las Normas de Divulgación de Sostenibilidad del IFRS, IFRS S1 e IFRS S2, obliga a que estas preguntas dejen de ser opcionales. No solo deberán abordarse para el cambio climático, sino para el conjunto de los riesgos de sostenibilidad con potencial impacto financiero.

Y si bien el cambio climático es uno de los riesgos más estudiados de las últimas décadas, su integración en los procesos de inversión ha sido gradual. Considerar estos riesgos en el análisis de inversiones y en el diseño de políticas corporativas es hoy parte de una toma de decisiones informada y alineada con el entorno y con los mercados de capitales; sin embargo, esta integración aún no se refleja de manera consistente en los estados financieros ni en la forma en que los riesgos identificados en las memorias de sostenibilidad dialogan con las cifras, supuestos y estimaciones que sustentan la información financiera.